Llueve con fuerza mientras me siento en un pequeño sofá apartado en la zona derecha de la gran casa que compartimos. El olor a tierra mojada y bosque fresco me calma los sentidos; han sido unas semanas muy duras, casi un mes sin poder disfrutar de todos ellos.

Mi hermano dio positivo en la prueba vírica antes de venir la última vez y tuvimos que quedarnos en la ciudad hasta estar completamente limpios de cualquier rastro del virus.

Jamás los pondríamos en peligro.

Nora, mi preciosa mujer, está embarazada y dentro de poco podremos darle la bienvenida a un miembro más a la familia. Eso me pone nervioso y feliz a partes iguales.

Los pequeños juegan en la gran sala que compartimos las tres familias. Esta es una gran casa diáfana, a excepción de los dormitorios; aquí todo es compartido y común. El hogar se construyó con barro, bambú y ladrillos. Muy humilde, integrada y respetando la naturaleza que la rodea.

Desde esta parte del edificio puedo ver a los niños jugar, a nuestra suegra y esposas cocinar e incluso a mi hermano, en la otra punta de la casa, estudiar unos planos.

Mi pequeño vendrá a repasar la lección conmigo.

Xero apenas tiene cinco años, pero ya es un niño despierto e inteligente. Estamos leyendo y memorizando la historia de la familia. Algún día, él también formará parte de ella, algún día mi pequeño gobernará, encabezando todos los clanes del país. Le esperan grandes cosas y difíciles decisiones.

Xero se levanta de la pequeña mesa donde colorea dibujos junto a Takeshi y corre hacia mí, con sus pequeños piececitos y sus grandes ojos abiertos.

Aún no estoy muy cómodo con la idea de que Xero y Takeshi establezcan lazos cercanos, pero Namya dice que es lo mejor, que creen un vínculo afectivo para que en el futuro se apoyen conociéndose mejor. Es la primera vez que se permite algo así, no obstante, confío en sus consejos.

—Papi, Amy ha hecho mariposas de colores.

Me agacho y, de un salto, se sube a mis brazos mientras señala entusiasmado a mi dulce sobrina.

Amy es increíblemente poderosa. Por norma general, los niños con poderes no los muestran hasta la preadolescencia, entre los ocho y los doce años, a veces incluso más tarde, pero Amy es excepcional. Ella ya mostraba trazos de sus poderes desde bebé.

Es el motivo por el que todos estamos aquí, para protegerla de todo y de todos.

Me siento con Xero en las piernas y le pongo en las manos el libro que he traído para él.

—Es para colorear animales marinos, como me pediste, pero antes tenemos que repasar la historia que hemos estado aprendiendo. —Le acaricio el pelo, tan suave y perfumado—. ¿Estás preparado?

Él asiente, acomodándose entre mis brazos y acurrucándose en mi regazo.

—La historia de la chica de fuego y el dragón.

Toma aire, poniendo su cara de concentración. Es tan adorable que hace que mi pecho palpite cálido, colmado del amor que siento por él.

—Cuenta la historia, que la familia Tatsu viene de los guerreros dragones más fuertes y valientes del mundo. —Gesticula con las manos, emocionado—. Eran tan poderosos que hasta el fuego les tenía miedo. Había un príncipe Tatsu que se llamaba Kamenashi, y él se enamoró de una chica del sur. Cuando eran niños se conocieron, pero vivían muy lejos: él en una ciudad muy grande y ella en unas playas llenas de sol y de olas. —Sigue gesticulando emocionado, pensando en cómo serían esas olas—. Cuando se volvieron a ver, ya de grandes, se miraron y ¡pum! se enamoraron otra vez. Entonces, se casaron y todos estaban muy felices. Un día… No me acuerdo del nombre de la chica —susurra tímido.

—Empieza por A… —sugiero.

—A… —Aprieta los ojos con fuerza, apoyando uno de sus deditos sobre la sien, tratando de recordar el nombre—. ¡Aisha!

—Eso es, continúa —lo animo, sonriendo y acariciándole el pelo.

—Un día, Aisha estaba en su casa y unos hombres muy malos la atacaron. El príncipe Kamenashi corrió tan rápido como pudo para salvarla, pero cuando llegó… todo estaba lleno de fuego y humo. ¡Su casa ardía! Kamenashi gritó su nombre, pero, de pronto, Aisha salió del fuego… ¡sin una sola quemadura! El fuego la rodeaba, pero no la tocaba porque Aisha podía controlarlo. Era como si el fuego fuera su amigo. —Da unas palmaditas, entusiasmado.

—Muy bien. Ahora, la segunda parte, esa es tu favorita, ¿no? —Le doy un pequeño toque en su naricita.

—¡Es la mejor! —Se dispone a seguir—. Un día, Aisha empezó a sentir algo raro dentro de su corazón. Una voz muy suave le decía que debía ir a las montañas del norte, donde había cuevas calientes junto a un río. Así que Aisha viajó hasta allá, muy valiente, buscando algo que no sabía qué era, pero que su corazón sí conocía. Buscó y buscó hasta que en una cueva muy, muy grande y profunda encontró a Draco, el dragón blanco. Era enorme y brillante como la nieve. Cuando se miraron, Aisha y Draco se entendieron sin hablar, como si sus almas se abrazaran. Desde ese momento, nunca más pudieron separarse.

»Aisha llevó a Draco a la gran ciudad para que Kamenashi lo conociera. Cuando el príncipe vio al dragón, sintió algo muy fuerte dentro de él, como si su sangre y el fuego del dragón se reconocieran. Y así, Kamenashi, Aisha y Draco se unieron para siempre, formando el primer matrimonio… —hace una pequeña pausa para recordar la palabra— trial de los Tatsu y se convirtieron en los papás de los grandes dragones de la familia. Desde entonces, los Tatsu guardan su fuerza, su fuego y su amor en la sangre.

—Muy bien. —Le doy un beso en la frente—. Sin duda, te lo has ganado —lo elogio, dándole el delgado libro de colorear.

Lo agarra ansioso y se marcha corriendo entre risas.

Me siento tan orgulloso de él.

El calor que mi alma siente en casa no tiene comparación con cualquier otro tipo de felicidad.

Estamos arriesgando mucho y sacrificando mucho más para mantenerlos a salvo y ocultos, pero cualquier pérdida de poder merece la pena si podemos cuidarlos y protegerlos un día más.